viernes, 2 de noviembre de 2012

polarizado

Hay un vidrio grande, opaco o con alguna textura polarizada, detrás de el una escalera blanca. En este momento va bajando un joven, quien lleva chaqueta y mochila al hombro. Se va a juntar con su madre que no ve hace cinco años aproximadamente. Lleva audífonos, es de tez blanca y  habla algo de español,  nació en Alemania y dejó de ver a su madre porque esta no soportó el frío o la frialdad de ese lugar y se devolvió a Chile. Se juntarán, hablarán... y quizás en qué terminará la reunión. 
Tiene una forma especial de vestir, de comer, de hablar, de sonreír, tiene algunos amigos en Chile, algunos también en Alemania. Ah, no he dicho su edad, pero quizás quieran adivinarla. Piel muy blanca, suave, tatuada. Mientras camina al encuentro con su mamá, escucha una mezcla de bocinazos y su música preferida. Quizás sea manipulado por su madre o simplemente, y el gesto que él desea con todas sus fuerzas, amado, solo amado. Menos enjuiciado.
Tiene un amor, temporal dice él, pero amor al fin y al cabo. Este amor lo transporta a distintos lugares, lo acompaña y algunas veces no lo entiende. Quisiera ya a su corta o mediana edad, amar con más ímpetu, sentirse preso, obsesionado, trastornado.
Quisiera a su corta o mediana edad sentirse afortunado, involucrado, porque ahora tiene su cabeza congelada. No hay sorpresas.

viernes, 10 de diciembre de 2010

el padre

Este padre proporciona cariño, no es precisamente un padre proveedor económicamente, digamos que a medias, pero tiene aquello que pocas personas tienen, capacidad inmensa de dar amor. Quizás en eso se le va la vida, quizás por eso cometió errores, varios errores. Si hubiera sido cura, ahora sería santo. Jugaba a trabajar, juega a manejar y anda por las calles de Santiago en su camioneta blanca. Un día en casa, llegando hace poco de las vacaciones familiares, sale y no vuelve más. No llama, llaman por él. Habrá que ir a verlo a la cárcel, metido en problemas estaba, se lo tenía bien guardado. Las hijas y la madre, no puedo hablar de eso, es triste. Al padre no le queda más que pedir perdón y otra oportunidad. Sale luego de un año. Sale a jugar nuevamente. Construye castillos en el aire y de arena. No es violento, es un buen hombre. Me cuestiono? se pregunta, siempre será una incóngnita la respuesta, es infantil y nosotros los adultos le arruinamos sus fiestas.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

pregnante

Tiene un vestido blanco, mira con sus ojos negros y pestañas largas. Una trenza que le hizo su amigo bordea el lado izquierdo de su cuello. Unos aros color blanco de un material que no reconozco, pero sí con incrustaciones de plata, supongo. El fondo, una mesa con platos con restos de comida, copas de vino algunas a medias otras vacías, copas de vino con manchas de dedos aceitosos. Se ve a un costado, un hombre muy sonriente. La foto la tomó su mejor amiga, ella no quería, sin embargo accede. No puedo explicar el porqué de esa mirada en la instantánea. De costado miró a la cámara. Insisto en el fondo difuso, donde los colores van  entre los verdes y grises. Es increíble el resultado, debes verla, hipnotiza. La fotógrafa buena, la mirada única. Luego de la foto, se para y llena nuevamente su copa con vino tinto, deben ser las seis de la tarde más o menos, están en el patio, luego de comer, día sábado de octubre. Grita derrepente, que todos quedan mudos, después ríen  Uno de ellos sube la música, es el tema de ella, el que más le gusta, lo canta a todo pulmón, un poco desafinada, mirando fijamente a quien le gusta, provocando y pensando en su amor del futuro, ese que por fin la entenderá, la hará reír y la abrazará todo el tiempo. Ya es tarde, dice, voy por más vino, quién me acompaña a comprar? pregunta, la sigue el hombre sonriente con un cigarro que tontamente prende al revés y luego lo bota. Salen a la botillería al doblar la esquina desaparecen... los veo volver tomados de la mano, él a pies pelados, está fresca la tarde. Antes de entrar a la casa, la besa en la frente y le canta, Ansiedad de tenerte en mis brazos, musitando palabras de amor..., ella no le cree, pero sonríe, él sólo ama a hombres y a ella la adora porque han estado juntos más de 10 años, contra viento y marea. Sigo mirando la foto, por un buen rato, dan ganas de dibujarla. Ya son la once de la noche. Comen de nuevo el resto de asado que queda. Ella se acerca a la mesa y toma la cámara fotográfica busca su foto, no la había visto durante toda la tarde, niega que le gusta que le saquen fotos, pero todos saben que le encanta. La encuentra y adivinen, se mata de risa, esa no soy yo, dice, yo no puedo tener esa mirada, es imposible. Se sienta callada, media borracha y la borra.