Hay un vidrio grande, opaco o con alguna textura polarizada, detrás de el una escalera blanca. En este momento va bajando un joven, quien lleva chaqueta y mochila al hombro. Se va a juntar con su madre que no ve hace cinco años aproximadamente. Lleva audífonos, es de tez blanca y habla algo de español, nació en Alemania y dejó de ver a su madre porque esta no soportó el frío o la frialdad de ese lugar y se devolvió a Chile. Se juntarán, hablarán... y quizás en qué terminará la reunión.
Tiene una forma especial de vestir, de comer, de hablar, de sonreír, tiene algunos amigos en Chile, algunos también en Alemania. Ah, no he dicho su edad, pero quizás quieran adivinarla. Piel muy blanca, suave, tatuada. Mientras camina al encuentro con su mamá, escucha una mezcla de bocinazos y su música preferida. Quizás sea manipulado por su madre o simplemente, y el gesto que él desea con todas sus fuerzas, amado, solo amado. Menos enjuiciado.
Tiene un amor, temporal dice él, pero amor al fin y al cabo. Este amor lo transporta a distintos lugares, lo acompaña y algunas veces no lo entiende. Quisiera ya a su corta o mediana edad, amar con más ímpetu, sentirse preso, obsesionado, trastornado.
Quisiera a su corta o mediana edad sentirse afortunado, involucrado, porque ahora tiene su cabeza congelada. No hay sorpresas.